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Los Claveles, el restaurante que vio nacer Atapuerca

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El destino quiso que este pequeño restaurante rural se uniera a la comunidad de arqueólogos, que  encontraron en este establecimiento su segunda casa durante las temporadas de excavaciones,
tanto en épocas de anonimato, como de esplendor científico y mediático.

Desde la cocina, el comedor y la barra de Los Claveles, la familia Martínez García vio nacer Atapuerca.

Con su más de medio siglo de existencia, este restaurante familiar ha sido –y continúa siendo– un ejemplo de defensa de la producción local de legumbres, en concreto, de la célebre alubia roja de Ibeas de Juarros, cultivo que hoy disfruta de un periodo de recuperación.

La olla podrida, plato tradicional burgalés, no se entendería sin esta alubia roja, que colocó a Ibeas en el mapa gastronómico regional.

La localidad acoge el Aula Emiliano Aguirre, con gran afluencia de visitantes que inician aquí su recorrido hacia los yacimientos de Atapuerca. No en vano, Emiliano fue el padre de las excavaciones y  descubrimientos de la sierra próxima.


Pero en Los Claveles, Raquel y su familia siguen las pautas de Soledad, su madre, y los consejos de su centenaria abuela Carmen.

El restaurante dio el salto a la modernidad renovando las instalaciones, aunque nunca ha perdido el clima de un restaurante próximo que no renuncia a los toques de la cocina moderna.

Ha seguido fiel al recetario tradicional y a los platos que, durante décadas, fueron valorados por la clientela. La olla podrida sigue demandándose incluso en verano, junto a platos de pescado y carne que, tras la incorporación de José Ruipérez, se han mantenido enriqueciendo la comanda con nuevas aportaciones y sin bajar la guardia en porciones,materias primas y precio medio.

Pocos restaurantes han sabido innovar sin perder la personalidad. Con sus nuevas instalaciones, Los Claveles han ganado comodidad y amplitud, apostando por una cocina tradicional con toques de  evolución. Los menús de entre 10 y 15 euros conviven con el precio de la carta, que ronda los 35-40 euros.

La morcilla, las croquetas, el revuelto y la merluza a la romana se lucen junto a los lomos de lubina,  sapitos de rape, carrilleras y risottos de gambas y boletus.

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