elnortedecastilla.es Tierra de Sabor

COMERCIO

Patatas de Peñafiel a Rusia, con un toque francés

13/03/2011
AGAPITO OJOS NEGROS | PEÑAFIEL

La imagen, captada hace poco más de un año, retrataba a un grupo de agricultores de la comarca de Peñafiel sobre una parcela en barbecho situada a las afueras de la villa ribereña. Una nueva instantánea tomada a día de hoy en el mismo lugar y prácticamente con los mismos protagonistas, muestra que actualmente sobre el solar se levanta Campo de Peñafiel SL, una empresa que ya empieza a dar sus frutos.

Dotada de la más moderna tecnología de conservación, esta planta se dedica al almacenamiento de patata, aplicando un esmerado cuidado que permite mantener varios meses el tubérculo a buen recaudo para surtir el mercado mucho después de su extracción. Si este producto se cosecha en los meses de septiembre y octubre, su estancia en la nave permite su distribución incluso bien entrada la primavera, en el mes de mayo.

La iniciativa surgió como consecuencia del cierre de la planta azucarera de Peñafiel. Y es que a la fuerza ahorcan, y el paulatino abandono de la siembra de remolacha llevó a estos profesionales a buscar alternativas.
El proyecto arrancó en septiembre del año pasado pasado con la adecuación de 1.700 metros cuadrados de almacenaje repartidos en tres naves, dos de 600 y una más de 500s. A ellas se suma una cuarta, de 800 metros cuadrados, destinada al manejo de la patata: carga, descarga y selección.

Utilizan la variedad mona lisa, que solo se almacena a largo plazo y que calibra una medida comprendida entre los 45 y 85 milímetros. Es la más comercial. El almacenamiento se realiza en cajones de unos 1.300 kilos, en los cuales, para fijar la trazabilidad, se destaca en un lugar bien visible la parcela de la que proviene el tubérculo y el propietario de la misma. Igualmente, antes de realizar la guarda y custodia de la patata -y al contrario de lo que se hace en otros lugares-, se elimina la tierra y se retiran aquellas unidades defectuosaspara economizar energía y aprovechar el espacio.

El proyecto, impulsado por casi una treintena de agricultores, no surgió del azar porque antes los socios de esta sociedad limitada visitaron Inglaterra, Holanda y Francia para ver cómo se hacían allí las cosas. De las experiencias, y más en concreto de la francesa, aprendieron la lección, de forma que se han convertido en pioneros en España en la instalación de un sistema climatizador que, por un lado, suministra aire frío, y por otro, un grado de humedad que alcanza el 98%, casi 15 puntos porcentuales más que otros equipos mixtos instalados aquí. Por cierto, el equipo de frío que utilizan no contamina.

Cuando echan cuentas, recuerdan que la primera inversión ascendió a un total de 2.800.000 euros, de los que 2 millones están subvencionados al 40% al haberse acogido al plan de reindustrialización de la Junta por el cierre de la Azucarera. El resto, 800.000 euros, se acogen a otro tipo de ayudas.

Futuro inmediato

«Ahora mismo esto está preparado para almacenar 4.000 toneladas, pero la idea es ampliarlo este mismo 2011», señala Fernando Redondo, uno de los socios, quien entra al detalle: «Vamos a hacer tres naves de 500 metros cuadrados cada una y con una capacidad de 1.400 toneladas, y así vamos a llegar a las 7.000 toneladas de almacenaje». Pero está convencido de que el proyecto será aún más ambicioso porque «está diseñado para 11.000 toneladas», aunque sería necesaria una inversión de 1,8 millones de euros que en parte se sufragarán con una subvención de la Junta, incluida en el plan para industrias agroalimentarias, explica Redondo.

De momento, el incremento de instalaciones no va a suponer el aumento de una plantilla compuesta en la actualidad por 10 personas -cuatro fijos y seis discontinuos-. Según lo programado, si todo discurre con normalidad las naves comenzarán a levantarse ahora, en marzo, y en cuatro meses estarán operativas. «Para la siguiente campaña ya estarán listas porque el trabajo grande ya está hecho; tenemos la experiencia del anterior proyecto y el presupuesto está ya encima de la mesa», explica. Lo que va a suponer una nueva contratación va a ser la puesta en marcha de «una tienda aquí junto a las naves para vender productos, entre ellos patatas, aceite, naranjas, manzanas, garbanzos o lentejas, productos de otras cooperativas. Con eso, crearemos un puesto de trabajo a media jornada», se felicita Redondo, quien explica que se trata de una iniciativa que tramitan a través del Proder y que verá la luz en verano.

Otro objetivo marcado para este 2011 consiste en implantar un nuevo sistema -Leading Yield Manageent-. Se trata de un novedoso dispositivo para la detección de plagas  y enfermedades, sobre el terreno y antes de que aparezcan, mediante la medición de la temperatura, la humedad, las esporas y otros parámetros agronómicos. La tecnología ha sido desarrollada por universidades estadounidenses.

El grupo de emprendedores pretende contar con nuevos socios porque esta aventura empresarial, recuerdan, parte con la premisa de que sus proyectos sean de utilidad «para la mayor gente posible», sentencia Redondo. De hecho, en su arranque han contado con algunos, no asociados, a los que han comprado patata.
Y una vez que se ha conseguido el producto, hay que venderlo. Para ello están buscando nuevas iniciativas muy lejos de Peñafiel. Es cierto que sus mercados son el español y el portugués, en general, y el regional, en particular, pero este año ha surgido la oportunidad de surtir con sus patatas al ruso, aunque sería algo esporádico, hasta que Rusia pueda abastecerse en los países limítrofes como ha hecho de manera habitual. La actual carestía del tubérculo en esos mercados ha propiciado esta coyuntura que desde Campo de Peñafiel están analizando. «Hay que mirarlo con lupa», destaca Redondo, quien añade que sobre todo «hay que saber qué tipo de oferta es; condiciones de pago, etcétera. Pero sí, ellos tienen carencia de patatas y las quieren». Y añade que, «como medida transitoria, podría ser atractivo este año, podían pagarlo bien, a precios muy buenos y por adelantado, pero no es un mercado que puedas mantener en el tiempo porque cuando esto se estabilice van a comprar más cerca, como en Alemania o Polonia. En cuanto al precio, ahora mismo se acerca a los 52 céntimos en la de máxima calidad». 

Balance

Y así es como han pasado ya un año desde que la iniciativa se puso en marcha. El balance es «positivo», dice sin dudar Redondo, «de hecho, estas patatas que están saliendo ahora lo están haciendo a 41 céntimos. Esto es, 5 o 6 céntimos por encima de la media, con un descuento del 3 por ciento, cuando el descuento de patatas almacenadas en naves de agricultores está por encima del 10 por ciento en algunos casos. El agricultor está contento, y de hecho han cobrado una parte y van a cobrar más, y ya se están aplicando este año dividendos». 
Sin duda, ha sido un éxito y de ahí que el socio asegure que «el futuro de la agricultura pase por esta forma de hacer las cosas: producir, envasar y vender al consumidor final».
 

Sin votos aún