El amor al medio ambiente y el orgullo de poder llamarse agricultora contribuyeron a que la menorquina María Jesús Vinent cambiara las suaves temperaturas del Mediterráneo por el rudo clima continental imperante en la comarca de Cuéllar. Junto a su marido, Francisco Javier Herrero, retomó hace nueve años una empresa familiar dedicada a cultivar la tierra en Lastras de Cuéllar, con una apuesta que era un doble riesgo: hacerse un hueco en el mercado con un producto de calidad y lograrlo, además, como empresa de agricultura ecológica.
“Queríamos hacer algo diferente, con más calidad que la conseguida con los modos de trabajar tradicionales, y tratando además de conseguirlo sin perjudicar al medio ambiente, ofreciendo al consumidor un alimento más sano”, como recuerda Vinent.
Hoy, el sueño de estos emprendedores se ha convertido en realidad. Ecomanjar lleva ese producto “sano y de calidad” a los mercados catalán, madrileño y andaluz, con una presencia todavía pequeña en Castilla y León. Para ensanchar sus horizontes, la empresa ha homologado su producto para Tierra de Sabor, lo que le permitirá beneficiarse de “una campaña de promoción muy importante, que está beneficiando a nuestro sector en unos tiempos muy difíciles”, apunta.
Producto certificado
Ecomanjar dispone en la actualidad de 23 hectáreas, que trabajan de conformidad con lo establecido por el Consejo de Agricultura Ecológica de Castilla y León, Caecyl, cuyo sello se encuentra en todo el producto de Ecomanjar (trigo, girasol, garbanzos y patatas), como pronto lo estará el corazón amarillo. “Caecyl controla nuestros cultivos y certifica nuestros productos”, señala la agricultora, para quien “la agricultura ecológica es la única que sube en ventas en un momento de crisis general del campo”, lo que la lleva a asegurar que “lo ecológico es el futuro”.
María Jesús y Francisco Javier viven y trabajan en Lastras de Cuéllar, dentro de la comarca de Tierra de Pinares, a una altura de 900 metros sobre el nivel del mar. “Las características de nuestro producto obedecen a un clima continental seco, de fríos y largos inviernos, y cortos y duros veranos, lo que limita las épocas de cultivo pero nos libera de plagas y enfermedades”, apunta. Los suelos son arenosos, con aguas superficiales, lo que permite cultivar en regadío.
Ambos agricultores defienden el modo de trabajar ecológico porque “fomenta la biodiversidad, respetando los propios mecanismos de la naturaleza para el control de las plagas y enfermedades en los cultivos y la cría de animales, evitando la utilización de plaguicidas, herbicidas, abonos químicos, hormonas de crecimiento y antibióticos”, así como la manipulación genética.
Recursos renovables
Así, “los cultivadores utilizamos técnicas que contribuyen a mantener los ecosistemas y a reducir la contaminación, favoreciendo el empleo de recursos renovables y el reciclado, ya que se restituyen al suelo los nutrientes presentes en los productos residuales”. El producto resultante “es óptimo para la salud”, de modo que también beneficia al sector público “porque reduce el gasto sanitario”, concluyen.





